¿Sí o no? ¿Carne o pescado? ¿Me quiere, no me quiere? ¿Playa o montaña? Dudas, inevitables y siempre engorrosas. Mientras me decido, bailemos…
.
When I fall in there is no doubt
And I belong for a little while
It’s the deepest drug it’s the tallest joy
I forget myself for a while/time.
Corin Tucker siempre tendrá un hueco en mi blog, son demasiados años escuchando ese chorro de voz en las canciones de Sleater-Kinney. Llevaba un tiempo haciendo canciones y tocando en pequeñas galas benéficas hasta que alguien le preguntó que para cuándo sacaría el disco. Hasta ese día ni se lo había planteado. Y el disco se hizo realidad. Supongo que ya no es una Riot Grrrl, ¿Riot Mom? ¿Riot Woman? Dudas…
Eficaces. Esa es una palabra que define muy bien a The Walkmen en el escenario. Trajeados, de “sport” pero no luciendo alta costura si no más bien todo lo contrario, cuando salen al escenario da la sensación que Hamilton Leithauser (pobre, le estuve sacando parecidos toda la noche, desde Schweinsteiger a Jason Mewes), y los suyos van camino de una oficina en Brooklyn y no a dar un concierto.
Pero, obviando el problemilla con el ampli taladra-oídos cuando el guitarra se emocionaba, fue un conciertazo. No hablan mucho con el público ni entre ellos, porque la conexión la hacen con la música. Sobre todo a través de un batería tremendamente risueño y de la voz de Hamilton. La sala Ramdall no es muy grande y estaba bastante vacío. Eso significó casi primera fila para nosotros, sin agobios, salvo cuando el motivado de turno le dio por botar, agitar los brazos y subirse encima de desconocidos. Pero bien, de buen rollo.
The Walkmen intercalaron canciones lentas con otras más guitarreras, canciones del Lisbon, su último disco, con canciones míticas ya como In the New Year. A ratos no tenías más remedio que quedarte embobado mirando a Hamilton, mano en el bolsillo de la chaqueta, y dejarte llevar por su tremenda voz, que construye poco a poco el tono de cada canción, normalmente de menos a más. Otros ratos era el batería con sus saltitos el que te daba el subidón.
.
Al final, no me arrepiento en absoluto de mi elección de ir a ese concierto descartando las múltiples opciones que ofrecía el viernes en Madrid. Una lástima que coincidan tantos buenos conciertos.
El pasado miércoles entre las múltiples opciones de conciertos en Madrid decidí ir a ver The Coral. No había tenido ocasión de verles en sala nunca y tenía ganas. Además, su nuevo disco, Butterfly House me ha parecido bastante interesante (no tan bueno como a ellos mismos que proclaman que es su mejor álbum) y era una buena prueba de fuego.
Si hay algo que saco en claro del concierto, es que son músicos muy buenos. Los de Liverpool dieron una auténtica lección de cómo dar un buen concierto, sonaron de maravilla (sí, todas y cada una de las 20 guitarras que sacaron, más o menos) y me hicieron disfrutar.
Disfrutar, sí, pero no salí entusiasmado. El gran final con Simon Diamond y Dreaming of you que nos hizo brincar y bailar a todos, no compensó un setlist bastante tranquilote y sin otros grandes momentos, salvo quizá, las versiones de The Beatles (Things we said today) y The Byrds (I’ll feel a whole lot better). Hubiese estado bien que hubieran hecho moverse al respetable. Que al fin y al cabo, había descartado otras (buenas) opciones para ir a verles.
En definitiva, buen concierto, mejor compañía y la sensación de que debería cortarme el pelo como James Skelly.
Últimamente las noches son cada vez más oscuras… Demasiado.
.
Tras este curioso nombre (demasiados chistes fáciles), se esconde Karolina Stenström, que ha sacado uno de los discos más redondos salidos de Suecia este año, Now it’s dark. Altamente recomendable.
Como les pasa a muchos grupos que vienen de allí, su directo aún tiene mucho que pulir, pero la candidez y calidez de este vídeo me han gustado mucho.
Ólafur Arnalds es un joven compositor islandés que un día decidió grabar siete canciones en siete días, y si esta muestra te gusta, no dudes en bajarte el resto de su disco Found Songs en Erased Tapes (totalmente gratis, totalmente legal), disfrutarlo en Spotify, o incluso mejor, cómpralo. No te arrepentirás.
ÚLTIMOS COMENTARIOS